El economista jefe de entidad, Augusto La Torre, dijo que la región -incluido el Perú- enfrenta el desafío de mantener la expansión en un mundo que se desacelera.

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LUIS DAVELOUIS L.

En el Banco Mundial consideran que el crecimiento de los países latinoamericanos depende más de sus respectivas dinámicas de demanda interna que de la economía global. Al contrario de lo que ocurre en Asia, donde el peso de las exportaciones explica una parte mucho más grande de su PBI. El economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Augusto de la Torre, estuvo en Lima para participar en el Foro Económico Mundial y conversó con nosotros. Muy optimista no estaba.

–El mundo se desacelera. China creció menos que lo esperado en el primer trimestre del año y los mercados reaccionaron a la baja. ¿Cuál es la proyección del BM para la economía de nuestra región?
Hay tres vientos externos que afectan a nuestros mercados: China es uno de los más importantes por lo que representa en la demanda externa para nuestros países. Otros son EE.UU., Europa y Japón. Cuando uno ve la demanda externa, uno ve una ralentización, un decrecimiento de la fuerza.

–Pero son dos tipos de demanda, muy diferentes…
Cierto, al margen, China importa más. Eso es uno. El segundo viento es lo que pasa con los precios de los commodities, que se están aplanando y las expectativas a futuro, en parte por la desaceleración en China, son que estos precios se mantengan planos y no sigan al alza. Y eso nos afecta bastante. El tercer viento son los flujos de capital foráneo. En nuestro índice se ve una caída de la intensidad del ingreso de estos capitales. En los últimos 10 años, los vientos externos que soplaban a favor de la región eran consistentes con tasas de crecimiento de 5% y 6% en promedio. Hoy esa intensidad es consistente con una tasa de crecimiento de entre 3% y 4%. Eso solo por causa de factores externos, fuera de nuestro control.

–Es una desaceleración de entre dos y tres puntos. Es bastante fuerte…
Son dos puntos, no es trivial, es muy importante. Si esto sigue así, la región se va a enfrentar ante una eventual frustración: que el tipo de crecimiento y de progreso social que experimentó en los últimos 10 años va a ser más difícil de conseguir.

–Esas son malas noticias. ¿Qué hacemos?
A menos que haya esfuerzos muy importantes de reformas estructurales, vamos a descender a tasas de crecimiento mucho más bajas.

–¿Cuál cree que ha sido el país de la región que ha llevado a cabo más y mejores reformas de segunda generación?
Allí no veo ningún ganador. Hubo reformas importantes, pero hacia las que tienen que ver con la mejora de la productividad, la educación y, en general, con los fundamentos del crecimiento –como infraestructura y capital humano– yo creo que la región se está moviendo, sí, pero muy despacio. Donde más progreso ha habido fue en el frente económico financiero macro, en el que muchos de nuestros países tienen estándares de Primer Mundo. Lo otro ha sido la política social y redistributiva, que ha mejorado con los sistemas de asistencia social para ocuparse de las personas que quedaron rezagadas por puros problemas de pobreza. Eso fue impresionante: 70 y pico millones de latinoamericanos salieron de la pobreza en los últimos 10 años.

–Y de eso, ¿cuánto es irreversible?
La impresión que uno tiene es que esas son tendencias bastante duraderas. A menos que haya una gran crisis, esto va a permanecer así. El problema es que será muy difícil seguir a ese ritmo con un crecimiento como el que comentábamos. Entonces, necesitamos reorientar nuestra atención hacia el crecimiento y no tenemos mucha experiencia en eso en la región. No tenemos el acervo de los países asiáticos como para ocuparnos de los problemas puros y duros del crecimiento: capital humano, las destrezas del mercado laboral, la innovación, la adopción tecnológica. Allí es donde está nuestro gran desafío.

–¿Cómo? No somos Asia.
Muchos piensan que deberíamos volvernos como los países asiáticos pero eso no va a ser posible. Tenemos que basarnos en nuestras propias condiciones: en promedio, tenemos un costo laboral más alto y muy bajos niveles de ahorro. Dependemos del ahorro externo y crecemos sobre la demanda interna más que sobre la externa. Esa es nuestra personalidad económica y tenemos que aprender a crecer con ella.

Fuente: El Comercio